Semblanzas
ANDREÍNA DÍAZ
Autora del diseño
MARY ROBlNSON
LAURA ALONSO CANO
Autora del texto
“Mi trabajo requiere que sea la voz de aquellos que no tienen voz”
IRLANDA, 1944
Abogada y licenciada en Humanidades. Presidenta de Irlanda desde 1990 a 1997. Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos desde 1997 a 2002. Profesora de la Universidad de Columbia (Estados Unidos). Presidenta del Consejo de Mujeres Líderes del Mundo (Council of Women World Leaders), miembro del Consejo de Dirección del Fondo de Vacunas (GAVI Alliance), del Consejo de Liderazgo de la Coalición Global sobre Mujeres y Sida de las Naciones Unidas y del Consejo Asesor del Instituto de la Tierra. Vicepresidenta del Club de Madrid y presidenta de honor de Oxfam Internacional, ha sido miembro de la Comisión Internacional de Juristas (1987-1990), así como de la Real Academia de Irlanda y de la Sociedad Filosófica Americana. Que su corazón no es tibio ni su voz es frágil lo saben quienes, en sus innumerables comparecencias públicas, han visto tomar la palabra a Mary Robinson para defender los derechos humanos en el mundo. No parece haber querido evitar en su trayectoria los retos que otros habrían esquivado por inconvenientes o poco oportunos; su carácter independiente y lleno de energía la ha llevado a atender a la verdad aún cuando ésta hostiga a los poderosos.

En ocasiones esa actitud tenaz, contra viento y marea, nace de la injusticia sufrida en propia piel; otras veces, como en el caso de Mary Robinson, se arma desde la conciencia, la formación académica y la actitud crítica ante las desigualdades. Nació en una familia culta y católica irlandesa, su expediente académico es especialmente brillante y ha representado los más altos cargos políticos tanto en su país como a nivel internacional. Desde muy joven, en el ámbito universitario y en el de representación política, ha sabido abrir caminos hasta entonces vetados para las mujeres.

Formó parte del Senado irlandés entre 1969 y 1989, en el que propició el debate hasta conseguir la legalización de la contracepción en 1979. Irlanda es un país de larga tradición moral conservadora pero ella litigó contra la legislación irlandesa sobre homosexualidad ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos y fue pionera en la lucha contra la legislación económica y social discriminatoria para las mujeres. Desde los años ochenta trabajó en favor de la legalización del divorcio y la ampliación de los supuestos del aborto.

En 1989 renunció al escaño de senadora y dio por terminada su carrera política. Se disponía a dedicarse en exclusiva a la práctica jurídica privada. Pero el Partido Laborista irlandés (LP) le propuso ser candidata a la Presidencia del país y así contraponer su talante progresista a las actuaciones antiabortistas y antidivorcistas de los poderosos sectores conservadores. Robinson aceptó con la condición de concurrir como candidata independiente.

En 1990 el electorado dio su apoyo a la primera mujer Presidenta de Irlanda percibiéndola como la gran oportunidad de progreso: laica, legalista y no sectaria, sus posicionamientos eran inusuales en su país. Su labor fue fundamentalmente representativa y de armonización del juego político de partidos. Durante su mandato rompió los esquemas tradicionales en la manera de hacer política, apostó por el diálogo para superar los conflictos y avanzó en la normalización de las relaciones con Gerry Adams (líder del partido republicano radical Sinn Féin, brazo político del Ejército Republicano Irlandés, IRA) y la Reina Isabel II de Gran Bretaña, a pesar de las innumerables críticas. Convencida de los valores democráticos, ha trabajado para construir una sociedad basada en los principios de libertad y tolerancia, deshaciendo prejuicios, buscando las condiciones para la paz a través de procesos de negociación y posibilitando una solución constitucional para el conflicto norirlandés.

No obstante, durante su Presidencia no sólo se ocupó de las cuestiones internas. Viajó a Somalia en 1992 durante la crisis alimentaria, en 1994 visitó Ruanda tras el genocidio y mostró su decidido apoyo al Tribunal Penal Internacional de La Haya que juzgaba los crímenes de guerra en la antigua Yugoslavia.

Este abierto interés por la defensa de los derechos humanos en el mundo, en línea con las actuaciones llevadas a cabo por la ONU en estos conflictos, convencieron a su Secretario General, Kofi Annan, de la idoneidad de Mary Robinson para desempeñar el cargo de Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH). Así, en septiembre de 1997, decide renunciar a la Presidencia de Irlanda e incorporarse a esta nueva responsabilidad.

Mary Robinson declaró en alguna ocasión que su mandato requería que fuese “la voz de aquellos que no tienen voz”. Y así lo hizo hasta que sus continuas denuncias fueron respondidas por las principales potencias mundiales con la congelación de sus fondos al ACNUDH como medida de presión. Estados Unidos incluso se retiró de la Comisión de Derechos Humanos en una actitud sin precedentes en la historia de la institución. Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, y en un contexto complaciente con las nuevas violaciones de los derechos civiles que requería la guerra global contra el terrorismo, Mary tampoco silenció sus palabras: “Las libertades, arduamente conquistadas, deben protegerse frente a las amenazas y a la incertidumbre internacional”. Ante los desencuentros y las continuas presiones de los representantes de Estados Unidos, Rusia, China e Israel, en septiembre de 2002 decide finalizar su labor al frente del ACNUDH.

Incidir en una globalización más humana, que no escatime los derechos de la creciente población inmigrante del planeta, donde las relaciones internacionales sean equilibradas y los principios humanistas de justicia, equidad y dignidad sean efectivos. Ése es el nuevo horizonte para Mary Robinson y la organización Ethical Globalization Initiative (EGI-Realizing Rights, Iniciativa para la Globalización Ética), que fundó en octubre de 2002.

Su voz no cesa, la ofrece tenaz, inconformista y valiente como un clamor, como si fuera la única voz, como si fueran todas las voces.