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UNOCOMUNICACIÓN
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HANAN ASHRAWl
ANXELA IGLESIAS
Autora del texto
“Mi vida política comenzó el día que nací”
PALESTINA, 1946
La vida de Hanan Ashrawi ha estado repartida entre tres grandes pasiones, su familia, la literatura y un profundo compromiso político con su pueblo, que la ha llevado a abanderar la lucha por los derechos humanos, la emancipación femenina y un futuro de paz para los palestinos. Desempeñó un papel clave durante las negociaciones de los noventa y hoy se mantiene en activo como diputada y fundadora de varias organizaciones. Llegó al mundo en la ciudad cisjordana de Nablus en el seno de una familia cristiana y marcada por el destino. “Mi vida política comenzó el día que nací”, asegura.

“Naces, como palestino, con una responsabilidad y un reto. Ser un palestino es algo muy controvertido, algo que no puedes dar por sentado, algo que provoca reacciones extremas”, cuenta. Desde siempre supo que debía hablar, rebelarse y seguir los consejos de su padre, al que describe como un hombre adelantado a su tiempo. Él la impulsó a escribir desde muy pequeña y le inculcó que debía liberarse a sí misma para liberar a su país.

Era una estudiante en Beirut cuando comenzó a implicarse activamente, primero ayudando a los refugiados palestinos en Líbano y después en lo que ella llama “la revolución”. Corría 1967, el año en el que Israel ocupó Cisjordania, Gaza, Jerusalén Este, el Sinaí y los Altos del Golán tras la Guerra de los Seis Días. Continuó implicada durante su época en Estados Unidos, como delegada estudiantil palestina en diversos grupos, y también al regresar a casa. En la universidad fundó un comité de asistencia legal y promovió grupos de estudio de mujeres.

Con el estallido de la primera Intifada, en 1987, Ashrawi redobló su actividad participando en comités políticos, desarrollando proyectos económicos y estableciendo espacios de diálogo con israelíes moderados. No fue la única, como ella misma recuerda. “En momentos de amenaza y peligro, siempre hay más opciones para que las mujeres asuman responsabilidades” y, más aún en aquella época, cuando tantos hombres fueron encarcelados. Las mujeres se movilizaron, fundaron organizaciones, protagonizaron actividades de resistencia no violenta y también comenzaron a ser detenidas, según recuerda hoy.

Ella saltó a la primera plana política como portavoz de la delegación palestina en el proceso de paz para Oriente Medio entre 1991 y 1993. Fue miembro del comité palestino en la Conferencia de Paz de Madrid y vio cómo “Israel desaprovechaba la oportunidad de firmar un acuerdo rápido y definitivo” en aquellos cruciales momentos.

Cuenta que las mujeres pasaron a un segundo plano con la creación de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) y la llegada de la cúpula política en el exilio, formada mayoritariamente por hombres. A pesar de que el poder se escribía en masculino, ella llegó a ser ministra, un cargo al que renunciaría por diferencias con el Gobierno.

Ashrawi es fundadora de organizaciones como la Iniciativa Palestina para la Promoción de Diálogo Global y la Democracia (MIFTAH). Compagina ese trabajo con su escaño en el Consejo Legislativo Palestino, pero asegura que no se presentará a la reelección cuando finalmente se vuelvan a celebrar comicios en los Territorios Palestinos. Quiere dejar paso a los jóvenes motivados, especialmente a las mujeres, que ayuden a que su pueblo recupere la confianza en la política. Y no será fácil ante un panorama de profundas divisiones entre Hamas, fuerza que controla de facto la Franja de Gaza, y Fatah, el principal partido de la ANP. Ashrawi observa con tristeza que se ha perdido la fe en el movimiento político nacional. “No han llegado resultados del pragmatismo, de las negociaciones, del diálogo, por eso los extremistas ganan terreno con un lenguaje de violencia y confrontación”.

“Los religiosos están limpios, son honestos, de acuerdo a la percepción pública, que no es necesariamente cierta”, lamenta Ashrawi. Y explica que Hamas da a las mujeres un marco claro, les ofrece servicios básicos y derecho a la educación y al trabajo siempre y cuando esto no interfiera con su misión fundamental, ser madres y esposas. Ocupan un segundo plano en la sociedad, pero se sienten seguras, porque cumplen con las reglas y tradiciones.

Ashrawi opta, en cambio, por el camino más difícil y más justo. El de la igualdad, la presencia de mujeres en la vida pública, su inclusión en las listas de todos los partidos. “Éste es un periodo crítico para las mujeres palestinas, que tienen que redefinirse, empoderarse, ganar espacios políticos”.

Un gran reto en un contexto tan complejo como el de la ocupación, que marca la vida de todos los palestinos, también la suya. Todos sus sobrinos decidieron emigrar, a una de sus dos hijas, Zeina, las autoridades israelíes no le permitieron renovar su tarjeta de identidad después de casarse en Estados Unidos. No puede regresar a su Jerusalén natal ni reunirse con su familia y no es un caso aislado, comenta apenada la política. Le duele especialmente la situación de Jerusalén Este, la ciudad destinada a ser capital de un Estado palestino, pero anexionada por Israel.

“Jerusalén esta siendo transformada delante de nuestros propios ojos, están siendo demolidas las casas de los palestinos, se les confiscan las tarjetas de identidad, el Muro está siendo terminado, los asentamientos crecen. Jerusalén está siendo estrangulando, aislado de Cisjordania. Eso es limpieza étnica, no se puede llamar de otra manera”, asegura para explicar que Israel desarrolla una estrategia de hechos consumados que provocan que toda negociación sea irrelevante y que sea aniquilada sobre el terreno la opción de los dos Estados.

Los palestinos han acudido a todas las comisiones y foros para explicar lo que ocurre, pero “¿cuándo ha desafiado algún Gobierno internacional a Israel?”, se pregunta recordando la reciente ofensiva contra Gaza. “No sólo valen las palabras, deben ir seguidas de acciones inmediatas”.

De seguir así, si continúa la construcción de asentamientos, la expansión del Muro y los controles militares en territorio palestino, su pueblo acabará condenado a vivir en reservas tribales aisladas, augura pesimista. Está segura, eso sí, de que “nunca lograrán que los palestinos desaparezcan”.