Semblanzas
PAOLO TAGLIOLINI (DIAMONDS LAND)
Autor del diseño
ElLEEN KAMPAKUTA BROWN
SEPIDEH LABANI
Autora del texto
“No desperdicien nuestra tierra, no desperdicien nuestro futuro”
AUSTRALIA, 1930
Eileen Kampakuta Brown es una mujer aborigen de Australia. Es una de las fundadoras de la Kupa Piti Kungka Tjuta, el Consejo de Ancianas Aborígenes de Coober Pedy en la Australia Meridional que lucharon a partir del año 1995 contra el proyecto del Gobierno australiano de crear un vertedero nuclear en el desierto australiano, tierras de las comunidades aborígenes.

Eileen Kampakuta Brown no sabe exactamente cuántos años tiene. Dice que alrededor de 70. La llaman “anciana”. Cuando el Gobierno australiano anunció su plan de creación de un vertedero nuclear en las tierras desérticas de Australia, Eileen se enfadó. No podía permitir que se repitiera la historia. Se acordó de la catástrofe que afectó a su comunidad y a su familia hace más de 50 años. Entre los años 1953 y 1963, el ejército británico llevó a cabo pruebas de armas nucleares en el sur del desierto australiano en Maralinga. El Gobierno aseguró a las comunidades aborígenes que estas pruebas carecían de cualquier tipo de peligro para ellas y su entorno. Sin embargo, las consecuencias fueron trágicas: intoxicaciones radioactivas mortales, cegueras, cáncer, malformaciones de los bebés y envenenamiento del ganado, del agua y de las plantas comestibles.

Eileen Kampakuta decidió formar en 1995, junto con otras ancianas y supervivientes de aquella tragedia, la Kupa Piti Kungka Tjuta, el Consejo de Ancianas Aborígenes de Coober Pedy en la Australia Meridional. En la cultura aborigen, las personas ancianas son muy importantes, respetadas y tienen un papel vital dentro de su grupo. Son los hombres y las mujeres de más edad de cada familia. Lideran el grupo, toman las decisiones importantes y arbitran los conflictos. En los grupos grandes se reúnen en consejos. Son guardianes de la cultura, tienen que velar para que la tradición se mantenga viva y se transmita a las nuevas generaciones y deben cuidar de su tierra. Tradicionalmente eran solamente hombres, pero desde el principio del siglo XX, cada vez son más las mujeres que tienen el estatus de anciana. Son las sabias que mantienen y velan por la armonía y el equilibrio de su comunidad. Siguen su Tjukur, su “sueño”, que cuenta la historia de las Siete Hermanas que viajaron por todo el país para crearlo.

Entonces, como la leyenda de las Siete Hermanas, las Kungka Tjuta viajaron en todo el país haciendo oír su grito “Iratí Wanti”, “Veneno, ¡fuera!”. Decían: “Conocemos esta tierra. El veneno del que habla el Gobierno contaminará nuestra tierra. Decimos ¡No¡ al vertedero radioactivo en nuestra ngura, en nuestra tierra. Es puro veneno y no lo queremos”.

Desde su aislado pueblo del interior, donde muchas aborígenes viven en condiciones de extrema pobreza, las Kungkas recorrieron grandes distancias hasta las Olimpiadas de Sydney en el año 2000 y el Parlamento en Canberra para difundir su campaña contra la creación del vertedero nuclear y para que el Gobierno abandonara su proyecto. A las Kungkas nos les importa que su tierra fuese un desierto, sigue siendo su tierra y el sitio al que pertenecen. Por lo tanto, tienen la responsabilidad de protegerla para las futuras generaciones: “Somos las guardianas de este país. Nosotras, las mujeres, tenemos derechos sobre este país. Lo protegemos. No queremos dinero. Queremos vida y tierra para los hijos y las hijas. De generación en generación, pensamos en los hijos y las hijas. Cuando oímos sobre el vertedero radioactivo, dijimos: “No desperdicien nuestra tierra, no desperdicien nuestro futuro”. Tenían que contar y recordar el pasado y luchar contra el nuevo proyecto nuclear del Gobierno australiano. En octubre del 2003 organizaron un encuentro llamado Kulini, Kulini, que significa “¿Estás escuchando?”.

Esto era lo que Eileen y sus hermanas ancianas querían que se escuchase: “En el momento en que la bomba fue detonada la tierra tembló, una enorme nube vino hacia nosotros y el cielo se cubrió, no sabíamos qué era, pensamos que sería un demonio, ese primer día todo fue confusión, ese primer día vimos al padre de Kelly morir y tuvimos que enterrarlo nosotros mismos. No habían pasado 24 horas cuando empezamos a tener muchas enfermedades: dolor en los ojos, diarrea, vómitos, flemas y manchas en la piel. El segundo día perdimos a la hermana de Kelly mientras nos íbamos lejos de ese lugar. El tercer día fue cuando perdimos a la madre de Kelly, y por eso yo he educado a Kelly y Yami como a hijos. Aunque el Gobierno decía que no había gente en ese momento nosotros sabíamos que allí todavía había gente. 50 años más tarde, yo he perdido a mi familia y todavía estoy luchando. Lo que los occidentales o los no-aborígenes hacen cuando se van a dormir es poner música o cantar una nana; lo que nosotras, las gentes Yankunytjatjara y Pitjantjatjara, hacemos es contar las historias del cielo y la tierra, Tjukurpa tjungu, historias que enseñan sobre todas las cosas. Ahora volvemos a hablar de Maralinga y del proyecto del vertedero nuclear, pero no nos gusta, queremos hablar de las estrellas”.

Después de esta trágica experiencia, no iban a permitir que el Gobierno volviera a envenenar su tierra. En su Declaración de Oposición expresaban su preocupación. Ellas conocían su tierra, sabían que el veneno del vertedero radioactivo se habría infiltrado en la tierra y habría llegado al agua que bebían las comunidades y sus ganados. Sabían que todos se habrían envenenado como en aquellos tiempos hace más de 50 años.

Además, entendieron que, para ganar la batalla, tenían que ir más allá de las fronteras raciales que separan al pueblo australiano. Se unieron a las mujeres no aborígenes que luchaban para la defensa del medio ambiente. Mostraron que, cuando el daño es común a toda la humanidad, se puede y se debe trabajar juntas.

Finalmente, después de esta larga batalla, las escucharon en el 2004. El Gobierno australiano abandonó su proyecto de crear un vertedero nuclear en la región. Además, Eileen Kampakuta Brown, junto con otra anciana que fundó la Kupa Piti Kungka Tjuta, recibió el prestigioso Premio Goldman por el Medioambiente en el año 2003. En el año 2005 todo el Kupa Piti Kungka Tjuta fue nominado como candidato al Premio Nobel de la Paz.

“Cuida de tu tierra, tu tierra cuidará de ti”. Es el secreto que las mujeres ancianas aborígenes quieren transmitir a las generaciones futuras. Para honrar su lucha, todas nosotras y nosotros tenemos que tomar el relevo. Tendremos que proteger la tierra y velar para que el veneno siempre quede fuera. ¡Iratí Wanti!